Kiko: “Yo era el ceniciento y el destino se fijó en mí”

  • 23 noviembre 2017



Toda España se unió en los Juegos Olímpicos de Barcelona y la final contra Polonia se vivió en nuestro país como pocas veces se ha vivido un partido de nuestra Selección…

Recuerdo que tras ganar el oro no podía ni pisar la playa porque todo el mundo venía a felicitarme por lo que habíamos conseguido. Era como si hubiéramos ganado un Mundial. Los aficionados se acercaban y te decían cómo y dónde habían visto la final ante Polonia. “Me he llevado la alegría de mi vida”, decían muchos. Yo no sabía que podía haber tantas historias por un partido, por una final, por un gol… Pero es cierto que en esos Juegos Olímpicos se mezclaron muchas cosas: fue en Barcelona, acudieron los Reyes, todo el mundo se involucró..

No sé usted cómo recuerda, 25 años después, lo que sucedió. Con la perspectiva del tiempo, ¿le ha cambiado algo?

Nosotros, ese grupo de jugadores, siempre teníamos el pensamiento de que la habíamos liado parda. Pero cuando llegan premios como el de As la gente te recuerda lo feliz que le hicimos aquel día. Fue la medalla de oro, fue ver al Rey entrando en el estadio, ya que venía de ver la final de Fermín Cacho… Se creó algo muy bonito y muy verídico. Todos se identificaron con esos Juegos Olímpicos. Todos estaban pendientes del fútbol, pero también de la pértiga, del atletismo… Los de Barcelona fueron los Juegos Olímpicos más recordados por todos. Pocas veces la gente se ha identificado tanto con España como en esa ocasión.

As, en un año muy especial para el periódico, les premia por todos los valores que reunió el equipo de fútbol…

Y es algo que a uno le llena de orgullo. Le voy a decir la verdad. Uno, con la edad, se vuelve más sensiblón y más blando y le gusta más este tipo de cosas y de reconocimientos. Antes te los tenías que tragar. Lo disfrutabas de otra manera. Ahora estas cosas las paladeas.

En ese grupo había jugadores importantes, como Guardiola, Alfonso, Solozábal, Abelardo, Luis Enrique…

Sí, pero estuvimos a punto de no ir a los Juegos. Luego, el 4-0 ante Colombia nos dio el empujón que necesitamos y cuando ganamos a Italia dijimos: “Cuidado, que la cosa va en serio”. Éramos un grupo de futbolistas jóvenes, estábamos empezando, no teníamos problemas de ningún tipo y había un buen rollo increíble entre todos. Para ganar unos Juegos Olímpicos o tienes buen rollo o es imposible. Para ganar un partido no hace falta ese buen ambiente, pero sí para convivir más de un mes como lo hicimos nosotros.

Los inicios no fueron sencillos…

No llegamos a ningún acuerdo de primas con la Federación y a muchos jugadores eso no les gustó porque estuvimos un mes y pico fuera de casa, sin vacaciones… Se vivieron momentos de tensión. Imagínese. Yo venía de jugar la promoción de ascenso con el Cádiz ante el Figueras y por mí, como si hubiese tenido que pagar. Pero había gente del Real Madrid, del Barcelona, del Atlético… Guardiola y Ferrer venían de ganar la Copa de Europa, los del Atlético habían ganado la Copa… Hubo motín porque no nos querían llevar a la inauguración…

Usted, Kiko, antes Quico, ha sido la cara visible de ese grupo de jugadores que pasó a la historia…

Así fue. Por el gol en el último segundo, por lo que le dije al árbitro colombiano que pitara el final, por el abrazo llorando al final del partido con el ‘Chapi’ Ferrer… Hice, creo recordar, que cinco goles en seis partidos. Y no era el delantero titular. La pareja eran Manjarín y Alfonso. Pero el destino se fijó en mí. En mí, que era el ceniciento del grupo.

Usted nunca fue un goleador, pero en Barcelona le tocó una varita mágica…

Yo a lo mejor era de diez goles por temporada y mi misión era que el delantero que tenía por delante hiciera los mejores números de su vida. Tuve como delanteros a gente como Vieri, Hasselbaink, Esnáider… Pero sí, fui máximo goleador en Barcelona y tuve la suerte de marcar el gol decisivo en el último minuto del partido. Cuando veo las imágenes pienso: “La que lié con ese gol”.

Las carreras de todos ustedes, y más concretamente la suya, se dispararon…

Fue un punto de inflexión para todos, en lo deportivo, en lo emocional y psicológico… Entonces me di cuenta de que podría comer y vivir bien por el fútbol. Yo venía del Cádiz y a mi lado había gente como Guardiola, campeón de Europa…

Miera fue el encargado de llevar a España a ese éxito…

Tuvo mucha paciencia con nosotros pero mostró su experiencia. Hay que reconocer que había un grupo rebelde y algo díscolo, con Solozábal llevando la voz cantante en ese sentido. No quisiera dejar de acordarme del psicólogo.

Entonces era raro tener psicólogos en los equipos…

Al principio nos lo tomábamos a risa y pensábamos que era un friqui. Pero luego fue una de las personas más importantes que hubo en el grupo. Murió a los pocos años y nos dejó a todos muy apenados (Jesús García Barrero fue el psicólogo del equipo español y falleció en 1998 de muerte súbita). Y también estaba en ese grupo Kubala, al que veíamos como una especie de abuelo cebolleta. Un grupo de chavales con Kubala al lado, imagínese. Hay mil historias de ese equipo. Yo jamás olvidaré a mi grupo de amigos de Jerez que se hicieron dos mil kilómetros en tres Ford Escort por ir a verme. Colgaron una pancarta: “Quico, er mejó de Jerez”. Es una imagen que tengo muy fresca. Cada Navidades lo recordamos y cada vez se inventan una historia nueva de todo aquello.

¿Qué sentirá cuando reciba el premio de As?

Emoción. Y que lo mejor que puede existir es que todos rememos para el mismo sitio. Como entonces.



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